jueves, 23 de septiembre de 2021

Sobre la fotografía. Capítulo III ”Objetos melancólicos”

 “La actividad fotográfica convencional ha mostrado que una manipulación o dramatización surrealista de lo real es innecesaria, cuando no en efecto redundante.”

El argumento de Sontag es ciertamente interesante. La frase citada hace alusión directa a la parte medular de la fotografía que, de acuerdo con ella, es hacer un duplicado del mundo. En mi opinión, si se mira a la fotografía como una pretensión de reproducir el universo como lo vemos, en definitiva, es una actividad verdaderamente surrealista, pues es imposible captar una cosa tal y como es. Más aún, esta pretensión de querer capturar el mundo resulta impensable, pues las fotografías son objetos, es decir, no son lo que se mira, sino otra cosa.


“El surrealismo es una desafección burguesa; que sus militantes lo creyeron universal es solo un indicio de que es propiamente burgués.”


Los argumentos de Sontag en relación a la posición social en la que se sitúan los fotógrafos-- al menos en el contexto estadounidense del que ella nos habla-- buscan sostener la idea de que el fotógrafo mantiene cierta distancia con respecto al objeto retratado y, por lo tanto, tiene una posición privilegiada. 


En mi opinión, la teoría de Sontag que busca justificar por qué la fotografía es surrealista, cobra sentido si se observa el entorno en el cual surge la intención de incluirla como parte de la cultura de masas. 


La masificación de la fotografía, quizá, responde a un proyecto burgués bien consolidado. Con esto me refiero a los valores hedonistas que han creado visiones y expectativas sobre la vida. Sontag dice que los mayores practicantes de la fotografía fueron las clases medias, y ellas se encargaron de mostrar la supuesta “realidad” estratificada que se vivía.


“Las fotografías, que transforman el pasado en un objeto de consumo, son un atajo.”


En una época en la que las expectativas sobre el “buen vivir” se  fincan en la acumulación de experiencias y recuerdos, la fotografía se ha convertido en el recurso más sencillo para tener acceso a conocer el mundo, pero sin realmente tener que conocerlo.


Siempre creí que la reproductibilidad de las imágenes era el camino hacia la democratización. Dar acceso a un mayor número de personas para conocer una u otra determinada cosa, era para mí algo honroso. Sin embargo, este capítulo me ha hecho pensar que más que democratizar, este atajo es una forma de alienación. Forja falsos anhelos que penden de unas expectativas creadas por una sociedad de consumo que se regodea en el hedonismo.


“La fotografía es el inventario de la mortalidad. Ahora basta oprimir un botón para investir un momento de ironía póstuma”


Esta idea de Sontag, sin duda, me parece una de las más interesantes y dignas de analizar. Si tomamos distancia del tono crítico en el que Sontag desarrolla sus argumentos, hacer mención de las fotografías como un memento mori, es una forma certera de aludir al inevitable paso del tiempo y a la fugacidad de la propia vida humana. 


Quizá estas ideas sólo puedan ser entendidas desde la propia modernidad, cuando el ser humano deviene en el centro del universo. La cámara es una extensión de su mirada, y la fotografía es el anhelo por mantener intacto un momento, por querer controlar y detener el paso del tiempo. En este sentido, la fotografía parece que busca eternizar un algo o un alguien; es el deseo latente del ser humano por querer prolongar la memoria y materializar lo que es capaz de observar. 


“La fotografía inevitablemente conlleva una determinada condescendencia a la realidad.”


La empresa fotográfica, situada en el contexto en que habla Sontag, poseía miras coleccionistas. La fotografía, al tener un alto grado de mimetismo, pretendía (aún pretende)  generar una reproducción objetiva de la realidad; busca mostrar el mundo tal y como es. Sin embargo, esto es en definitiva una imposibilidad. La única forma de mostrar la realidad es con la realidad misma. Y esto se debe no sólo a lo basta que es la realidad, sino también al hecho de que la cámara implica que se realice esta labor desde la subjetividad. 


Por otra parte, en este caso, conviene preguntarnos ¿Qué pasa con las fotografías que usan como elemento principal no la espontaneidad que se busca capturar algo “realista”, sino el control más absoluto o con aquellas que se basan en no en el  coleccionar, sino el experimentar? Por ejemplo, en el caso del fotógrafo Evgen Bavcar ¿dónde queda el coleccionar miradas cuando se carece de visión? Si no se puede percibir la realidad con la mirada ¿qué clase de realidad  se muestra? probablemente ninguna, sino una visión surreal.


martes, 21 de septiembre de 2021

Sobre la Fotografía. Capítulo II "Estados Unidos visto por fotografías oscuramente”

“Lejos de haber sido desmitificadas por la realidad, las artes de Estados Unidos--la fotografía en particular-- aspiraron entonces a efectuar la desmitificación.” 

La idea propuesta aquí por Sontag parece referirse al papel que ocupa el arte en tanto permite visibilizar determinadas problemáticas. En mi opinión, la autora señala esto para contrastar la visión del poeta W. Whitman quien creía que la realidad iba a encargarse de forjar un nuevo arte. Sin embargo, más que desmitificar lo bello habría que cuestionarnos por qué los temas de algunos de los autores citados son necesariamente opuesto a la belleza. Es cierto que el arte siempre se apega a lo real, pero no se puede negar que no es algo unívoco, sino que también la realidad influye  en que un artista opte por un tipo de obra o un tema determinados.

“Fotografiar es conferir importancia. Quizás no haya tema que no pueda ser embellecido; es más, no hay modo de suprimir la tendencia intrínseca de toda fotografía a dar valor a sus temas.

Sin duda, esta idea que plantea Sontag posee gran trascendencia, en tanto la fotografía adopta un punto de vista privilegiado ante cualquier otro. La cámara adquiere una posición dominante y convierte a todo a su alrededor en un potencial objeto a fotografiar. Sin embargo, el dar valor o privilegiar una cuestión en concreto no es un campo exclusivo de la fotografía. Si se toma como punto de partida la idea de que la aprehensión objetiva de la realidad está, de una u otra forma, influenciada por la experiencia del sujeto, no existe forma alguna de entender, representar, explicar, etcétera, la realidad sin que exista un punto de vista privilegiado. Ahora bien, ¿son realmente las fotografías las que por sí solas confieren valor a algo o son los sujetos quienes determinan a qué sí o a qué no se le puede otorgar valor? Creo que habría que desarrollar más esta cuestión para  entender la relación que guarda la fotografía con la experiencia subjetiva y cómo el espectador interpreta la primera.

“El aspecto más asombroso de la obra de Arbus es que parece haberse inscrito en una de las empresas más vigorosas de la fotografía artística --concentrarse en las víctimas, en los infortunados-- pero sin el propósito compasivo que presuntamente debería perseguir dicho proyecto.” 

La mención de este  logro de la obra artística de Arbus parece plantearse más en un tono irónico que en serio. Algo, sin embargo, que se escapa de la mirada de Sontag es el hecho de cuestionarse por qué las imágenes de esta gente “patética, digna de lástima, y también repulsiva” deberían suscitar un sentimiento de compasión. En mi opinión, las imágenes de Arbus, en efecto, no buscan que el espectador empatice con los sujetos retratados. Ello, sin embargo, no implica que exista un error o una falla en el trabajo de Arbus. ¿Por qué habría que mirar con lástima la diferencia en lugar de simple y llanamente reconocer que existe? ¿esto tendría algo de benéfico? Sontag menciona lo siguiente: “Se ha tratado como hazaña moral lo que en realidad es una agresión al público: que las fotografías no permiten al espectador mantener la distancia.” ¿Por qué mantener la distancia es necesario para generar evocar compasión? ¿No es acaso la normalización el primer paso al reconocimiento de algo? No logro comprender por qué tendría yo que sentir lástima por un hombre tatuado, una pareja joven o una mujer desnuda. Es como si Sontag intentara persuadirnos de que normalizar a lo otro fuese un grave  error, como si ella buscara hacer patente la eterna diferencia. 

“La cámara tiene el poder de sorprender a la gente presuntamente normal de modo que la hace parecer anormal. El fotógrafo selecciona la rareza, la persigue, la encuadra, la procesa, la titula.” 

Sobre esta idea de Sontag no tengo ninguna crítica, sino lo opuesto. Creo que es necesario reiterar constantemente la posición de poder que poseen las fotógrafas (y fotógrafos) frente a la realidad. La cámara es un instrumento capaz de articular el lenguaje visual y con ello generar una visión. Ello significa que es capaz no sólo de mostrar la realidad de manera parcial, sino también de alterarla completamente y hacerla parecer lo que no es. En la actualidad, con la facilidad para utilizar programas de edición fotográfica y la relevancia que tienen las imágenes que circulan en las redes sociales, la afirmación de Sontag cobra aún más sentido, el fotógrafo no sólo persigue y encuadra, también altera y añade u oculta lo que no quiere que vea el espectador. La gente anormal se convierte en “lo normal” y quienes somos “normales” dejamos de encajar en los estándares de belleza, o en las expectativas y gustos estéticos que han forjado los artistas al servicio de las industrias.

“La obra de Arbus es una buena muestra de una tendencia rectora de las bellas artes en los países capitalistas: la supresión, o al menos la reducción, de los escrúpulos morales y sensorios.”

Esta breve  afirmación de Sontag, en un principio, parece apuntar a una verdad. Al considerar que la obra de Arbus raya en lo grotesco y que busca eximir al espectador de la más pequeña gota de empatía, es innegable suscitar el contexto que rige la aparición de ese tipo de imágenes. Sin embargo, la falta o no de empatía, reducida de los escrúpulos morales o sensoriales no radica tanto en el tipo de imágenes que presenta Arbus, sino en la forma en que las imágenes son descontextualizadas y mercantilizadas. Por ejemplo en A Young Waitress at a Nudist Camp (1963), Sontag señala que  precisamente el hecho de que la mujer  lleve un prenda es lo que suscita esta contrariedad moral, sin embargo, ¿qué hay de malo en ello? Mostrar parte del cuerpo femenino desnudo, desde mi perspectiva,  no es tanto el problema, sino la forma en que se ha interpretado en el falso tabú que conlleva: como algo prohibido. Creo que las imágenes de Arbus muestran la diversidad humana; la problemática es el estigma que conlleva mostrarse desnuda, o tatuada o arreglada de una u otra forma. Yo me hago la pregunta: ¿en dónde verdaderamente reside lo grotesco, en el acto mismo o en el ojo de quien lo mira? Hoy por hoy, estas imágenes siguen poseyendo un encanto, parecen no perder cierta frescura; no obstante es necesario reconocer que la masificación y la reproducción de una cultura de la  violencia y el gusto por el horror las hacen parecer menos extrañas y más atractivas aún.


Biografía de una mirada- Comentarios sobre la obra de Cartier Bresson