“La actividad fotográfica convencional ha mostrado que una manipulación o dramatización surrealista de lo real es innecesaria, cuando no en efecto redundante.”
El argumento de Sontag es ciertamente interesante. La frase citada hace alusión directa a la parte medular de la fotografía que, de acuerdo con ella, es hacer un duplicado del mundo. En mi opinión, si se mira a la fotografía como una pretensión de reproducir el universo como lo vemos, en definitiva, es una actividad verdaderamente surrealista, pues es imposible captar una cosa tal y como es. Más aún, esta pretensión de querer capturar el mundo resulta impensable, pues las fotografías son objetos, es decir, no son lo que se mira, sino otra cosa.
“El surrealismo es una desafección burguesa; que sus militantes lo creyeron universal es solo un indicio de que es propiamente burgués.”
Los argumentos de Sontag en relación a la posición social en la que se sitúan los fotógrafos-- al menos en el contexto estadounidense del que ella nos habla-- buscan sostener la idea de que el fotógrafo mantiene cierta distancia con respecto al objeto retratado y, por lo tanto, tiene una posición privilegiada.
En mi opinión, la teoría de Sontag que busca justificar por qué la fotografía es surrealista, cobra sentido si se observa el entorno en el cual surge la intención de incluirla como parte de la cultura de masas.
La masificación de la fotografía, quizá, responde a un proyecto burgués bien consolidado. Con esto me refiero a los valores hedonistas que han creado visiones y expectativas sobre la vida. Sontag dice que los mayores practicantes de la fotografía fueron las clases medias, y ellas se encargaron de mostrar la supuesta “realidad” estratificada que se vivía.
“Las fotografías, que transforman el pasado en un objeto de consumo, son un atajo.”
En una época en la que las expectativas sobre el “buen vivir” se fincan en la acumulación de experiencias y recuerdos, la fotografía se ha convertido en el recurso más sencillo para tener acceso a conocer el mundo, pero sin realmente tener que conocerlo.
Siempre creí que la reproductibilidad de las imágenes era el camino hacia la democratización. Dar acceso a un mayor número de personas para conocer una u otra determinada cosa, era para mí algo honroso. Sin embargo, este capítulo me ha hecho pensar que más que democratizar, este atajo es una forma de alienación. Forja falsos anhelos que penden de unas expectativas creadas por una sociedad de consumo que se regodea en el hedonismo.
“La fotografía es el inventario de la mortalidad. Ahora basta oprimir un botón para investir un momento de ironía póstuma”
Esta idea de Sontag, sin duda, me parece una de las más interesantes y dignas de analizar. Si tomamos distancia del tono crítico en el que Sontag desarrolla sus argumentos, hacer mención de las fotografías como un memento mori, es una forma certera de aludir al inevitable paso del tiempo y a la fugacidad de la propia vida humana.
Quizá estas ideas sólo puedan ser entendidas desde la propia modernidad, cuando el ser humano deviene en el centro del universo. La cámara es una extensión de su mirada, y la fotografía es el anhelo por mantener intacto un momento, por querer controlar y detener el paso del tiempo. En este sentido, la fotografía parece que busca eternizar un algo o un alguien; es el deseo latente del ser humano por querer prolongar la memoria y materializar lo que es capaz de observar.
“La fotografía inevitablemente conlleva una determinada condescendencia a la realidad.”
La empresa fotográfica, situada en el contexto en que habla Sontag, poseía miras coleccionistas. La fotografía, al tener un alto grado de mimetismo, pretendía (aún pretende) generar una reproducción objetiva de la realidad; busca mostrar el mundo tal y como es. Sin embargo, esto es en definitiva una imposibilidad. La única forma de mostrar la realidad es con la realidad misma. Y esto se debe no sólo a lo basta que es la realidad, sino también al hecho de que la cámara implica que se realice esta labor desde la subjetividad.
Por otra parte, en este caso, conviene preguntarnos ¿Qué pasa con las fotografías que usan como elemento principal no la espontaneidad que se busca capturar algo “realista”, sino el control más absoluto o con aquellas que se basan en no en el coleccionar, sino el experimentar? Por ejemplo, en el caso del fotógrafo Evgen Bavcar ¿dónde queda el coleccionar miradas cuando se carece de visión? Si no se puede percibir la realidad con la mirada ¿qué clase de realidad se muestra? probablemente ninguna, sino una visión surreal.