jueves, 14 de octubre de 2021

Sobre la fotografía. Capítulo VI “El mundo de la imagen”

 “Para los defensores de lo real desde Platón hasta Feuerbach, identificar la imagen con la  mera apariencia —es decir, suponer que la imagen es absolutamente distinta del objeto representado— es parte del proceso de desacralización que nos separa irrevocablemente de aquel mundo de tiempos y lugares sagrados donde se suponía que una imagen participaba de la realidad del objeto representado.” 

La forma en que Sontag plantea la relación entre la fotografía y la realidad me parece realmente interesante. Explico por qué: en un inicio llegué a pensar que Sontag se enunciaba desde una perspectiva concretamente moderna (en el sentido de creer que es a partir de la modernidad en que el ser humano a visto grandes progresos); sin embargo, esta declaración prueba lo contrario.

Sontag alude a la “desacralización” que se genera a partir de querer separa la fotografía con el objeto representado. Para mí, esta idea que parecería cuestionable de acuerdo a nuestra condición como seres modernos, evidencia su interés por entender que, en efecto, la modernidad está ligada a buscar la racionalización de todo. Incluso retoma a Platón—uno de los filósofos que ha sido base para fundamentar la perspectiva  eurocéntrica-moderna— como punto de inicio para hablar de esta racionalización de toda la realidad. 

Lo que me gustaría añadir, siguiendo la idea de Sontag, es que el problema quizá no está en lo sagrado o lo racional, sino en sus efectos. La separación de la imagen con el objeto representado y el empeño en querer reforzar que lo que se mira en la fotografía no es la realidad, refleja la tremenda cosificación que ha sufrido el mundo. Todo es un objeto que se puede consumir, de lo que uno se puede apropiar. Las cosas dejan de admirarse por sí mismas y se reducen a ser coleccionadas. 

Estas ideas al fin logra esclarecer el porqué en algún momento Sontag se refería a la cámara como un arma. Esto es justo por la forma en la que nuestra condición moderna nos hace ver lo que nos rodea, esto es: como un territorio que debe ser conquistado, intervenido, apropiado…  El problema no es la cámara en sí, sino el utilitarismo que hace que el “hombre moderno” se crea dueño del mundo. 


“La fotografía tiene poderes que ningún otro sistema de imágenes ha alcanzado jamás porque, al contrario de los anteriores, no depende de un creador de imágenes.”  

Como he manifestado en otros comentarios sobre este libro, la fotografía representó, sin lugar a dudas,  un cambio no sólo en la forma de entender las imágenes, sino también la manera en que vemos el mundo mismo. La fotografía nos ha permitido ver cosas increíbles, las cuales el ojo humano por si sólo jamás sería capaz de siquiera percibir. 

Ahora, si bien entiendo el por qué Sontag habla de este poder que ha tenido la fotografía en comparación a cualquier otro sistema de imágenes (por su insoslayable vínculo con la tecnología), su afirmación de que aquella no depende de un creador, me parece un tanto exagerada.

Existe un motivo fundamental por el cual considero que la fotografía, aunque sea de forma parcial, si depende de un creador. En primer lugar, el mismo funcionamiento que tienen las cámaras, ya sean digitales o análogas, requiere que alguien haga “click”. Es cierto que la cámara es un aparato, pero como tal necesita ser dirigida y accionada por un sujeto. Incluso las cámaras vinculadas a trabajos en el espacio, requieren de una programación, qué es lo que produce que en determinadas circunstancias puedan llegar las fotos a la tierra. Por lo tanto, podemos afirmar que esto ya implica un sesgo que parte de la perspectiva de un sujeto.

Por otro lado, si se retoma el argumento de las cámaras que denominaré como “automáticas”, como las de seguridad o las que se instalan en animales para ver sus recorridos, creo que estas se alejan de lo que es la fotografía y se acercan más al video. En este caso quisiera preguntarme ¿a caso este tipo de cámaras pueden—o deben— ser comparadas con aquellas cuyo propósito es ser manejadas por un usuario? Lo que trato de decir con esto es que, querer colocar cualquier imagen que provenga de una cámara como fotografía es un tanto tendencioso; Sontag parece querer convencernos de una “perversidad” que contiene la cámara como objeto tecnológico al no requerir—sólo en ocasiones— de un usuario que la maneje. 

Como conclusión, quisiera señalar que el simple hecho de pensar que la creación de imágenes fotográficas es algo que no requiere de ningún humano, me parece un tanto escalofriante,;pero sobre todo, es una forma de creer falsamente que las máquinas han rebasado al ser humano. Y si en cierto sentido, esto pudiera parecer cierto, la realidad es que aún falta un largo camino por recorrer para llegar a tal extremo y, quizás, nunca lleguemos. 


“Si hacer fotografías parece casi obligatorio para quienes viajan, coleccionarlas apasionadamente ejerce un atractivo especial a los confinados —ya por elección, impedimento o coerción—en espacios puertas adentro. Las colecciones de fotografías pueden usarse para elaborar un mundo sucedáneo, cifrado por imágenes que exaltan, consuelan o seducen.”  

La idea que plantea que Sontag tiene gran relevancia, puesto que parece proyectarse hasta nuestro tiempos y reflejar la relación que existe en la actual pandemia con las imágenes digitales.

En primer lugar, quiero señalar que si se puede afirmar que el hacer fotografías implica estas condiciones atribuidas por Sontag, las fotografías son una moneda con dos caras. Por un lado esta necesidad de coleccionar puede tener implicaciones negativas, como el creer que la realidad tiene que ser cómo se muestra en las imágenes; por otro lado y si no fuese por la cámara, habría lugares o  cosas que jamás podríamos conocer o siquiera mirar. 

En la condición actual del mundo en el que todos estamos confinados, es cierto que existe este lugar sucedáneo en el que nos mantenemos inmersos. Pareciera que cada vez las imágenes e información digitales fueran más imprescindibles en nuestra vida. Pero digo yo ¿esto cómo debería entenderse: cómo algo positivo o algo negativo? ¿En qué medida la pandemia dejará en nosotros secuela y nos obligará a no querer, ya ahora por voluntad, dejar la “calidez” que alguna vez nos proporcionaron medios digitales?

Para concluir, sólo resta decir que si en efecto, las fotografías tiene esta característica de crear una “realidad alterna” por medio de su capturas, es innegable pensar también en el papel que, en la época actual, esto ha venido en una ventaja y ha hecho cambiar la forma en que percibimos el mundo en general. Nos ha permitido seguir en contacto, pero también nos ha hecho ver lo dispar que sigue siendo el mundo. 


“La fotografía, que tiene tantos usos narcisistas, también es un instrumento poderoso para despersonalizar nuestra relación con el mundo; y ambos usos son complementarios.”  

Considero que este es uno de los argumentos más acertados en todo el escrito de Sontag. Para aclarara esto, quisiera comenzar señalando que mi postura no es—ni será— el ataque a la fotografía pues, como estudiante de artes visuales, ello implicaría una hipocresía.

Creo que la aparición de la cámara ha sido un aporte fundamental como herramienta para conocer el mundo y acercarnos a cosas antes invisibles parea ojo humano. La fotografía en el arte abrió nuevas posibilidades y desafió los convencionalismo en el arte.

No obstante, el uso que han tenido las imágenes producidas por las cámaras, y el crecimiento de una industria periodística en busca de público, han sido cada vez más alienantes y deshumanizadores. Como señala Sontag “[…] las imágenes fotográficas tienden a sustraer el sentimiento de lo que vivimos de primera mano, y los sentimientos que despiertan generalmente no son los que tenemos en la vida real.” 

A modo de conclusión me gustaría señalar que, más que creer que la fotografía per se implica esta separación y exotización del mundo, creo que el verdadero problema radica en torno a la forma en que la modernidad ha situado la relación que tenemos con lo que nos rodea. La cámara no nos obliga a tomar distancia, lo que lo hace son las ideas que existen en torno a cómo debemos ver al “otro”.


"La razón última de la necesidad de fotografiarlo todo reside en la lógica misma del consumo. Consumir implica quemar, agotar; y por lo tanto, la necesidad de reabastecimiento. A medida que hacemos imágenes y las consumimos, necesitamos aún más imágenes; y más todavía. Pero las imágenes no son un tesoro por el cual se necesite saquear el mundo; son precisamente lo que está a mano dondequiera que se pose la mirada.”  

A mi parecer, esta frase de Sontag  resume el devenir que ha tenido la fotografía, sobre todo, en la última década. Como todos los de mi generación, las redes sociales son un tema que ha estado acompañándonos y ha definido en gran parte nuestra forma de consumir imágenes. En lugar de mirar con detenimiento, el scrolling nos permite recibir una gran cantidad de imágenes en un tiempo muy corto. Toda esta información la ponga en la mesa pues, creo tiene que ver con algo de lo que señala Sontag: el consumo.

Alguna ve llegué a preguntarme ¿de dónde nace la necesidad tan urgente de querer fotografiar absolutamente todo: comidas, reuniones, mascotas, viajes…? La respuesta de esto parece esclarecerla Sontag cuando habla de esta necesidad de fotografiar todo. En lugar de disfrutar los momentos, creemos que las fotografías son a prueba de que aquello aconteció y, por tanto, nos validan en el mundo digital. 

Lo cierto en todo esto es que estamos atiborrados de un océano imágenes, y constantemente las estamos consumiendo. El consumismo es la lógica que parece guiar esta necesidad de querer guardar cada momento; el forma en que nos estamos acercando al mundo. Las personas han dejado de escribir y muchas veces se conforman con coleccionar imágenes de sus momentos significativos…

Pese a haber sido escrito hace varias décadas, considero que este argumento de Sontag sigue siendo más valido que nunca. Creo que lo más significativo es entender que, el acto de fotografiar no puede ser inocente, puesto que es guiado por un trasfondo consumista y utilitario. Ahora yo me preguntaría ¿Existirá alguna posibilidad de que fotografiemos algo no por consumirlo, sino por el simple acto de fotografiar? Esa es una pregunta para la que aún no tengo respuesta.


Bibliografía:

Sontag, Susan. Sobre la fotografía. México: Santillana, 2006. Edición en PDF 

martes, 12 de octubre de 2021

Sobre la fotografía. Capítulo V “Evangelios fotográficos”

 “Tal como la describen los fotógrafos, la fotografía es tanto una técnica ilimitada para apropiarse del mundo objetivo como una expresión inevitablemente solipsista de la identidad singular. Las fotografías muestran realidades que ya existen, aunque sólo la cámara puede desvelarlas.” 

Es interesante esta afirmación de Sontag, en tanto deja en claro la capacidad que se le atribuía a la cámara como instrumento que vincula al sujeto con su realidad objetiva. Sin embargo, esta afirmación no deja de parecerme demasiado aventurada y un poco contradictoria. Me explico: en primer lugar, habría que preguntarnos a qué se esta refiriendo Sontag con “el mundo objetivo”. Hablar de la existencia de esta supuesta objetividad en el mundo implicaría que también existiera una parte del mundo en el que la subjetividad es parte fundamental. De ser esto así ¿cómo podría garantizarse que la cámara se está apropiando de el mundo objetivo y no de algo subjetivo? ¿no acaso el acto de fotografiar implica una mirada subjetiva de por sí? En este sentido, de qué forma se está mostrando lo que realmente hay (la realidad) y no lo que el sujeto (fotógrafo) mira. Más allá de hablar de lo fundamental que es entender el papel que juega el sujeto en la fotografía, la cuestión aquí es entender que este tipo de declaraciones, que afirman un dualismo entre objetivismo y subjetivismo, parten de una forma moderna de percibir la realidad como algo dado y que es susceptible a ser conocido, intervenido, apropiado, etcétera. 

En segundo lugar, en qué medida se puede afirmar que la cámara muestra cosas que ya existen. Esto puede ser cierto sólo con determinados géneros de fotografía como la fotografía de calle o la fotografía documental, por ejemplo. Sin embargo, ¿qué pasa con la fotografía que utiliza como recurso la percepción visual (que crea espejismos) para producir una imagen, o con los montajes fotográficos? Si nos restringimos a estos argumentos dados por Sontag, estaríamos dejando de lado una parte importante del desarrollo de la fotografía.

Por último, ¿la realidad es algo que debe desvelarse? Si es necesario develar algo, porque está oculto, entonces la objetividad del mundo puede ser puesta en cuestión. Lo que retrata la cámara no sería la realidad en sí, sino elementos que  están presentes y que, en algunos casos, son imperceptibles para el ojo humano (por ejemplo, las fotografías que se encargan de retratar el espacio o el mundo microscópico).

 

“La fotografía ingenua o comercial o meramente utilitaria no difiere en condición de la fotografía como la practican los profesionales más talentosos: hay imágenes obtenidas por aficionados anónimos que resultan tan interesantes, y formalmente tan complejas y representativas de los poderes propios de la fotografía, como las de un Stieglitz o un Evans.” 


La afirmación hecha aquí por Sontag parece ajustarse más un intento por distinguir un campo de la Fotografía (con “F”) con la fotografía (con “f”). Pese a que su idea inicia señalando que no existe una distinción clara entre un fotógrafo y un amateur, su postura parece un tanto tendenciosa en tanto trata de crear una distinción clara entre aquellos que hacen fotografía profesional y quienes no. 

Ahora bien, es posible que este argumento de Sontag esté situado en su propio contexto, en el que para fotografiar se requería de una cámara forzosamente (grande o pequeña, con un buen lente o con un lente mediocre). En la actualidad, no obstante, el avance de la tecnología ha llegado a tal punto que, incluso, existen cámaras cuya función no es precisamente la de fotografiar, como es el caso de las cámaras web o aquellas que ocupan los doctores para realizar operaciones dentro del cuerpo. 

La afirmación hecha por Sontag, pareciera cade vez más desdibujarse, pues con las cámaras como parte  fundamental de los dispositivos móviles y teléfonos inteligentes, es cada vez más notoria un tipo de fotografía que otra. Mientras que en el ámbito de la publicidad y el arte los fotógrafos recurren a cámaras de talla “profesional”, una persona que gusta de fotografiar puede conformarse con la cámara que incluye su teléfono inteligente; no necesita tener ningún tipo de conocimiento técnico ni de la cámara ni de la fotografía en general porque, ante sus ojos, una foto tomada con su celular puede parecer espectacular. 

Para concluir, creo que es necesario dar una re-lectura a este tipo de ideas propuestas por Sontag y entender que estos ensayos fueron compuestos en la década de 1970, por lo tanto, existen ciertos postulados que han dejado de ser ciertos para nuestra época actual. 


"Como la mayoría de las obras de arte (incluidas las fotografías) se conocen hoy por medio de copias fotográficas, la fotografía - y las actividades artísticas derivadas del modelo de la fotografía, y la modalidad del gusto derivada del gusto fotográfico- ha transformado decisivamente las bellas artes tradicionales y las normas de gusto tradicionales, incluso la idea misma de obra de arte. La obra de arte depende cada vez menos de su singularidad como objeto, de ser un original realizado por un artista individual."

 

El postulado propuesto aquí por Sontag, me parece sumamente pertinente y contiene dentro de sí un punto central que es relevante para la teoría del arte en general.  

Es innegable la revolución que generó la fotografía para el arte en tanto permitió la reproductibilidad de las obras. La fotografía transformó la forma de ver el mundo y posibilitó una expansión de las artes a nivel masivo.  Es más, la propia fotografía aprovechó esto para expandirse junto con las artes ya establecidas. 

Una cuestión que en particular me gustaría resaltar es el cuestionamiento de la originalidad como criterio atribuible a una obra de arte. El cambio que significó la fotografía puso de manifiesto lo endeble que resultaban las categorías que definían el arte y abrió paso para el posterior surgimiento de nuevos medios de exploración, en donde el registro sería realizado por la cámara, ya fuera en foto o en video (como es el caso de algunos performance, los happenings, etc). 

Ahora bien, creo que Sontag tiene razón cuando señala que la fotografía tuvo por consecuencia la aparición de un “gusto fotográfico”. Algo que me parece muy cierto es hacer referencia a este tipo de gusto como parte de las circunstancias que fueron propiciadas por el tipo de imágenes producidas por la cámara. Ello me remite un tanto a las ideas planteadas en el primer capítulo de este pues, inevitablemente, la cámara también se ha encargado de entrenar el ojo y de mostrarnos las cosas como se deberían ver y no como realmente son. Esto, más que ser negativo per se , sí debe ser sometido a una profunda reflexión que nos lleve a entender en qué medida nuestra visión ha sido condicionada a un mirar fotográfico.

Sin más,  creo que las ideas desarrolladas en este párrafo por Sontag tienen gran valor en tanto ayudan a dilucidar el impacto de la cámara en el desarrollo artístico y sus efectos como parte de la cultura y la alfabetización visual. 


“La fotografía, sin ser un género de arte propiamente, tiene la capacidad peculiar de transformar todos sus temas en obras de arte. Más importante que la cuestión de si la fotografía es o no es arte es el hecho de que la fotografía pregona (y crea) nuevas ambiciones para las artes.” 


El párrafo arriba citado sintetiza gran parte de las ideas  expuestas por Sontag en el capítulo. La discusión en cuanto a la relación entre la fotografía y el arte, es decir la evangelización fotográfica (haciendo alusión al título), sin duda alguna es parte medular de todo el desarrollo del capítulo.

Ahora, este párrafo en concreto muestra la resolución de Sontag por situar a la fotografía fuera del arte, pero al mismo tiempo dentro de ésta; al afirmar la capacidad de que la fotografía puede transformar cualquier tema en obra, cae en esta paradoja irresoluble, que me hace platearme la siguiente cuestión: ¿en verdad esta capacidad de transformar todo en arte es comprobable? Sontag otorga los poderes del rey Midas a la fotografía, y trata de dejar en claro que, sea o no arte, es innegable el papel que tiene la fotografía para las artes. 

Personalmente, no me atrevería a coincidir con una afirmación tan amplia como que la fotografía transforma todos sus temas en arte. De ser cierto ello, tal vez entraríamos en un problema que raya en cuestiones éticas. Por ejemplo, si se hace un registro de una narco fosa o de un feminicidio ¿en qué medida podría la fotografía ser el medio idóneo para decir que tales cosas tienen propiedades artísticas sin caer en el morbo o en la desensibilización? Creo que existen otros medios más idóneos que permiten hablar de este tipo de problemáticas en concreto para que sean temas propios de la producción artística. 

En cuanto a la segunda idea de Sontag, sobre la capacidad de la fotografía para crear nuevas ambiciones en el arte, coincido totalmente. Como he señalado antes, la fotografía ha tenido serias implicaciones en el quehacer artístico. Baste decir que ha posibilitado la reproductibilidad de obras de arte  que antes solamente podían verse en museos o galerías.


Las bellas artes tradicionales se basan en la distinción entre genuino y falso, original y copia, buen gusto y mal gusto; los medios desdibujan esas distinciones, cuando no las anulan directamente. Las bellas artes suponen que algunas experiencias o temas tienen un significado. Los medios carecen esencialmente de contenido (ésta es la verdad oculta en la célebre afirmación de Marshall McLuhan de que el mensaje es el medio mismo); su tono característico es irónico, o inexpresivo, o paródico. 


Para cerrar los comentarios sobre este capítulo quiero realizar una breve reflexión de dos ideas del párrafo anterior. Aunque éste no alude propiamente a la fotografía, me generó gran interés por la forma en que Sontag hace esta tajante distinción entre bellas artes tradicionales, en contraposición con los nuevos modos de hacer arte.

En primer lugar, creo que Sontag está  olvidando que este sistema de bellas artes al que ella hace alusión es un invento que no tiene más de dos siglos y es producto del proceso de modernización.  En la antigüedad difícilmente se podría hablar de bellas artes, por que este tipo de creaciones ocupaban un lugar preciso en la sociedades que trascendía su simple valor estético. Dicho esto, ¿en qué medida se puede hablar de artes tradicionales cuando, más que una tradición, nos enfrentamos a un conjunto de grupos institucionalizados que tienen la labor de avalar de acuerdo a sus criterios el arte?

Como segundo y último punto, creo que lo que Sontag dice de la famosa frase del sociólogo McLuhan, es invertir el argumento. Más que referirse a que los medios carecen esencialmente de contenido, la idea de McLuhan era justo halar de la intencionalidad del medio como una forma misma de transmitir una idea. Caso contrario, Sontag señala que para las bellas artes el medio carece de contenido, pues este se sitúa en las experiencias o en los temas de las obras. 



Bibliografía:

Sontag, Susan. Sobre la fotografía. México: Santillana, 2006. Edición en PDF