“Para los defensores de lo real desde Platón hasta Feuerbach, identificar la imagen con la mera apariencia —es decir, suponer que la imagen es absolutamente distinta del objeto representado— es parte del proceso de desacralización que nos separa irrevocablemente de aquel mundo de tiempos y lugares sagrados donde se suponía que una imagen participaba de la realidad del objeto representado.”
La forma en que Sontag plantea la relación entre la fotografía y la realidad me parece realmente interesante. Explico por qué: en un inicio llegué a pensar que Sontag se enunciaba desde una perspectiva concretamente moderna (en el sentido de creer que es a partir de la modernidad en que el ser humano a visto grandes progresos); sin embargo, esta declaración prueba lo contrario.
Sontag alude a la “desacralización” que se genera a partir de querer separa la fotografía con el objeto representado. Para mí, esta idea que parecería cuestionable de acuerdo a nuestra condición como seres modernos, evidencia su interés por entender que, en efecto, la modernidad está ligada a buscar la racionalización de todo. Incluso retoma a Platón—uno de los filósofos que ha sido base para fundamentar la perspectiva eurocéntrica-moderna— como punto de inicio para hablar de esta racionalización de toda la realidad.
Lo que me gustaría añadir, siguiendo la idea de Sontag, es que el problema quizá no está en lo sagrado o lo racional, sino en sus efectos. La separación de la imagen con el objeto representado y el empeño en querer reforzar que lo que se mira en la fotografía no es la realidad, refleja la tremenda cosificación que ha sufrido el mundo. Todo es un objeto que se puede consumir, de lo que uno se puede apropiar. Las cosas dejan de admirarse por sí mismas y se reducen a ser coleccionadas.
Estas ideas al fin logra esclarecer el porqué en algún momento Sontag se refería a la cámara como un arma. Esto es justo por la forma en la que nuestra condición moderna nos hace ver lo que nos rodea, esto es: como un territorio que debe ser conquistado, intervenido, apropiado… El problema no es la cámara en sí, sino el utilitarismo que hace que el “hombre moderno” se crea dueño del mundo.
“La fotografía tiene poderes que ningún otro sistema de imágenes ha alcanzado jamás porque, al contrario de los anteriores, no depende de un creador de imágenes.”
Como he manifestado en otros comentarios sobre este libro, la fotografía representó, sin lugar a dudas, un cambio no sólo en la forma de entender las imágenes, sino también la manera en que vemos el mundo mismo. La fotografía nos ha permitido ver cosas increíbles, las cuales el ojo humano por si sólo jamás sería capaz de siquiera percibir.
Ahora, si bien entiendo el por qué Sontag habla de este poder que ha tenido la fotografía en comparación a cualquier otro sistema de imágenes (por su insoslayable vínculo con la tecnología), su afirmación de que aquella no depende de un creador, me parece un tanto exagerada.
Existe un motivo fundamental por el cual considero que la fotografía, aunque sea de forma parcial, si depende de un creador. En primer lugar, el mismo funcionamiento que tienen las cámaras, ya sean digitales o análogas, requiere que alguien haga “click”. Es cierto que la cámara es un aparato, pero como tal necesita ser dirigida y accionada por un sujeto. Incluso las cámaras vinculadas a trabajos en el espacio, requieren de una programación, qué es lo que produce que en determinadas circunstancias puedan llegar las fotos a la tierra. Por lo tanto, podemos afirmar que esto ya implica un sesgo que parte de la perspectiva de un sujeto.
Por otro lado, si se retoma el argumento de las cámaras que denominaré como “automáticas”, como las de seguridad o las que se instalan en animales para ver sus recorridos, creo que estas se alejan de lo que es la fotografía y se acercan más al video. En este caso quisiera preguntarme ¿a caso este tipo de cámaras pueden—o deben— ser comparadas con aquellas cuyo propósito es ser manejadas por un usuario? Lo que trato de decir con esto es que, querer colocar cualquier imagen que provenga de una cámara como fotografía es un tanto tendencioso; Sontag parece querer convencernos de una “perversidad” que contiene la cámara como objeto tecnológico al no requerir—sólo en ocasiones— de un usuario que la maneje.
Como conclusión, quisiera señalar que el simple hecho de pensar que la creación de imágenes fotográficas es algo que no requiere de ningún humano, me parece un tanto escalofriante,;pero sobre todo, es una forma de creer falsamente que las máquinas han rebasado al ser humano. Y si en cierto sentido, esto pudiera parecer cierto, la realidad es que aún falta un largo camino por recorrer para llegar a tal extremo y, quizás, nunca lleguemos.
“Si hacer fotografías parece casi obligatorio para quienes viajan, coleccionarlas apasionadamente ejerce un atractivo especial a los confinados —ya por elección, impedimento o coerción—en espacios puertas adentro. Las colecciones de fotografías pueden usarse para elaborar un mundo sucedáneo, cifrado por imágenes que exaltan, consuelan o seducen.”
La idea que plantea que Sontag tiene gran relevancia, puesto que parece proyectarse hasta nuestro tiempos y reflejar la relación que existe en la actual pandemia con las imágenes digitales.
En primer lugar, quiero señalar que si se puede afirmar que el hacer fotografías implica estas condiciones atribuidas por Sontag, las fotografías son una moneda con dos caras. Por un lado esta necesidad de coleccionar puede tener implicaciones negativas, como el creer que la realidad tiene que ser cómo se muestra en las imágenes; por otro lado y si no fuese por la cámara, habría lugares o cosas que jamás podríamos conocer o siquiera mirar.
En la condición actual del mundo en el que todos estamos confinados, es cierto que existe este lugar sucedáneo en el que nos mantenemos inmersos. Pareciera que cada vez las imágenes e información digitales fueran más imprescindibles en nuestra vida. Pero digo yo ¿esto cómo debería entenderse: cómo algo positivo o algo negativo? ¿En qué medida la pandemia dejará en nosotros secuela y nos obligará a no querer, ya ahora por voluntad, dejar la “calidez” que alguna vez nos proporcionaron medios digitales?
Para concluir, sólo resta decir que si en efecto, las fotografías tiene esta característica de crear una “realidad alterna” por medio de su capturas, es innegable pensar también en el papel que, en la época actual, esto ha venido en una ventaja y ha hecho cambiar la forma en que percibimos el mundo en general. Nos ha permitido seguir en contacto, pero también nos ha hecho ver lo dispar que sigue siendo el mundo.
“La fotografía, que tiene tantos usos narcisistas, también es un instrumento poderoso para despersonalizar nuestra relación con el mundo; y ambos usos son complementarios.”
Considero que este es uno de los argumentos más acertados en todo el escrito de Sontag. Para aclarara esto, quisiera comenzar señalando que mi postura no es—ni será— el ataque a la fotografía pues, como estudiante de artes visuales, ello implicaría una hipocresía.
Creo que la aparición de la cámara ha sido un aporte fundamental como herramienta para conocer el mundo y acercarnos a cosas antes invisibles parea ojo humano. La fotografía en el arte abrió nuevas posibilidades y desafió los convencionalismo en el arte.
No obstante, el uso que han tenido las imágenes producidas por las cámaras, y el crecimiento de una industria periodística en busca de público, han sido cada vez más alienantes y deshumanizadores. Como señala Sontag “[…] las imágenes fotográficas tienden a sustraer el sentimiento de lo que vivimos de primera mano, y los sentimientos que despiertan generalmente no son los que tenemos en la vida real.”
A modo de conclusión me gustaría señalar que, más que creer que la fotografía per se implica esta separación y exotización del mundo, creo que el verdadero problema radica en torno a la forma en que la modernidad ha situado la relación que tenemos con lo que nos rodea. La cámara no nos obliga a tomar distancia, lo que lo hace son las ideas que existen en torno a cómo debemos ver al “otro”.
"La razón última de la necesidad de fotografiarlo todo reside en la lógica misma del consumo. Consumir implica quemar, agotar; y por lo tanto, la necesidad de reabastecimiento. A medida que hacemos imágenes y las consumimos, necesitamos aún más imágenes; y más todavía. Pero las imágenes no son un tesoro por el cual se necesite saquear el mundo; son precisamente lo que está a mano dondequiera que se pose la mirada.”
A mi parecer, esta frase de Sontag resume el devenir que ha tenido la fotografía, sobre todo, en la última década. Como todos los de mi generación, las redes sociales son un tema que ha estado acompañándonos y ha definido en gran parte nuestra forma de consumir imágenes. En lugar de mirar con detenimiento, el scrolling nos permite recibir una gran cantidad de imágenes en un tiempo muy corto. Toda esta información la ponga en la mesa pues, creo tiene que ver con algo de lo que señala Sontag: el consumo.
Alguna ve llegué a preguntarme ¿de dónde nace la necesidad tan urgente de querer fotografiar absolutamente todo: comidas, reuniones, mascotas, viajes…? La respuesta de esto parece esclarecerla Sontag cuando habla de esta necesidad de fotografiar todo. En lugar de disfrutar los momentos, creemos que las fotografías son a prueba de que aquello aconteció y, por tanto, nos validan en el mundo digital.
Lo cierto en todo esto es que estamos atiborrados de un océano imágenes, y constantemente las estamos consumiendo. El consumismo es la lógica que parece guiar esta necesidad de querer guardar cada momento; el forma en que nos estamos acercando al mundo. Las personas han dejado de escribir y muchas veces se conforman con coleccionar imágenes de sus momentos significativos…
Pese a haber sido escrito hace varias décadas, considero que este argumento de Sontag sigue siendo más valido que nunca. Creo que lo más significativo es entender que, el acto de fotografiar no puede ser inocente, puesto que es guiado por un trasfondo consumista y utilitario. Ahora yo me preguntaría ¿Existirá alguna posibilidad de que fotografiemos algo no por consumirlo, sino por el simple acto de fotografiar? Esa es una pregunta para la que aún no tengo respuesta.
Bibliografía:
Sontag, Susan. Sobre la fotografía. México: Santillana, 2006. Edición en PDF