martes, 21 de septiembre de 2021

Sobre la Fotografía. Capítulo II "Estados Unidos visto por fotografías oscuramente”

“Lejos de haber sido desmitificadas por la realidad, las artes de Estados Unidos--la fotografía en particular-- aspiraron entonces a efectuar la desmitificación.” 

La idea propuesta aquí por Sontag parece referirse al papel que ocupa el arte en tanto permite visibilizar determinadas problemáticas. En mi opinión, la autora señala esto para contrastar la visión del poeta W. Whitman quien creía que la realidad iba a encargarse de forjar un nuevo arte. Sin embargo, más que desmitificar lo bello habría que cuestionarnos por qué los temas de algunos de los autores citados son necesariamente opuesto a la belleza. Es cierto que el arte siempre se apega a lo real, pero no se puede negar que no es algo unívoco, sino que también la realidad influye  en que un artista opte por un tipo de obra o un tema determinados.

“Fotografiar es conferir importancia. Quizás no haya tema que no pueda ser embellecido; es más, no hay modo de suprimir la tendencia intrínseca de toda fotografía a dar valor a sus temas.

Sin duda, esta idea que plantea Sontag posee gran trascendencia, en tanto la fotografía adopta un punto de vista privilegiado ante cualquier otro. La cámara adquiere una posición dominante y convierte a todo a su alrededor en un potencial objeto a fotografiar. Sin embargo, el dar valor o privilegiar una cuestión en concreto no es un campo exclusivo de la fotografía. Si se toma como punto de partida la idea de que la aprehensión objetiva de la realidad está, de una u otra forma, influenciada por la experiencia del sujeto, no existe forma alguna de entender, representar, explicar, etcétera, la realidad sin que exista un punto de vista privilegiado. Ahora bien, ¿son realmente las fotografías las que por sí solas confieren valor a algo o son los sujetos quienes determinan a qué sí o a qué no se le puede otorgar valor? Creo que habría que desarrollar más esta cuestión para  entender la relación que guarda la fotografía con la experiencia subjetiva y cómo el espectador interpreta la primera.

“El aspecto más asombroso de la obra de Arbus es que parece haberse inscrito en una de las empresas más vigorosas de la fotografía artística --concentrarse en las víctimas, en los infortunados-- pero sin el propósito compasivo que presuntamente debería perseguir dicho proyecto.” 

La mención de este  logro de la obra artística de Arbus parece plantearse más en un tono irónico que en serio. Algo, sin embargo, que se escapa de la mirada de Sontag es el hecho de cuestionarse por qué las imágenes de esta gente “patética, digna de lástima, y también repulsiva” deberían suscitar un sentimiento de compasión. En mi opinión, las imágenes de Arbus, en efecto, no buscan que el espectador empatice con los sujetos retratados. Ello, sin embargo, no implica que exista un error o una falla en el trabajo de Arbus. ¿Por qué habría que mirar con lástima la diferencia en lugar de simple y llanamente reconocer que existe? ¿esto tendría algo de benéfico? Sontag menciona lo siguiente: “Se ha tratado como hazaña moral lo que en realidad es una agresión al público: que las fotografías no permiten al espectador mantener la distancia.” ¿Por qué mantener la distancia es necesario para generar evocar compasión? ¿No es acaso la normalización el primer paso al reconocimiento de algo? No logro comprender por qué tendría yo que sentir lástima por un hombre tatuado, una pareja joven o una mujer desnuda. Es como si Sontag intentara persuadirnos de que normalizar a lo otro fuese un grave  error, como si ella buscara hacer patente la eterna diferencia. 

“La cámara tiene el poder de sorprender a la gente presuntamente normal de modo que la hace parecer anormal. El fotógrafo selecciona la rareza, la persigue, la encuadra, la procesa, la titula.” 

Sobre esta idea de Sontag no tengo ninguna crítica, sino lo opuesto. Creo que es necesario reiterar constantemente la posición de poder que poseen las fotógrafas (y fotógrafos) frente a la realidad. La cámara es un instrumento capaz de articular el lenguaje visual y con ello generar una visión. Ello significa que es capaz no sólo de mostrar la realidad de manera parcial, sino también de alterarla completamente y hacerla parecer lo que no es. En la actualidad, con la facilidad para utilizar programas de edición fotográfica y la relevancia que tienen las imágenes que circulan en las redes sociales, la afirmación de Sontag cobra aún más sentido, el fotógrafo no sólo persigue y encuadra, también altera y añade u oculta lo que no quiere que vea el espectador. La gente anormal se convierte en “lo normal” y quienes somos “normales” dejamos de encajar en los estándares de belleza, o en las expectativas y gustos estéticos que han forjado los artistas al servicio de las industrias.

“La obra de Arbus es una buena muestra de una tendencia rectora de las bellas artes en los países capitalistas: la supresión, o al menos la reducción, de los escrúpulos morales y sensorios.”

Esta breve  afirmación de Sontag, en un principio, parece apuntar a una verdad. Al considerar que la obra de Arbus raya en lo grotesco y que busca eximir al espectador de la más pequeña gota de empatía, es innegable suscitar el contexto que rige la aparición de ese tipo de imágenes. Sin embargo, la falta o no de empatía, reducida de los escrúpulos morales o sensoriales no radica tanto en el tipo de imágenes que presenta Arbus, sino en la forma en que las imágenes son descontextualizadas y mercantilizadas. Por ejemplo en A Young Waitress at a Nudist Camp (1963), Sontag señala que  precisamente el hecho de que la mujer  lleve un prenda es lo que suscita esta contrariedad moral, sin embargo, ¿qué hay de malo en ello? Mostrar parte del cuerpo femenino desnudo, desde mi perspectiva,  no es tanto el problema, sino la forma en que se ha interpretado en el falso tabú que conlleva: como algo prohibido. Creo que las imágenes de Arbus muestran la diversidad humana; la problemática es el estigma que conlleva mostrarse desnuda, o tatuada o arreglada de una u otra forma. Yo me hago la pregunta: ¿en dónde verdaderamente reside lo grotesco, en el acto mismo o en el ojo de quien lo mira? Hoy por hoy, estas imágenes siguen poseyendo un encanto, parecen no perder cierta frescura; no obstante es necesario reconocer que la masificación y la reproducción de una cultura de la  violencia y el gusto por el horror las hacen parecer menos extrañas y más atractivas aún.