“Las consecuencias de la mentira deben ser más centrales para la fotografía de lo que nunca serán para la pintura, pues las imágenes planas y en general rectangulares de las fotografías ostentan una pretensión de verdad que jamás podrían reclamar las pinturas.”
Comienzo mi disertación con esta cita en la cual Sontag sintetiza uno de los puntos centrales de este capítulo. Ella señala que la mentira en la fotografía (entendiendo cualquier tipo de alteraciones a las que puede recurrir la imagen fotográfica) deberían tener implicaciones más severas que cualquier otra rama de las artes visuales, pero ¿por qué Sontag hace este señalamiento sobre la fotografía si ella misma es partidaria de que la ésta no posee el realismo que se le atribuye? A mi parecer, Sontag plantea esta idea para señalar las atribuciones que erróneamente se le han impuesto a la fotografía.
La tarea titánica que se le ha dado a la fotografía, en mi opinión, deriva del supuesto grado de mímesis que logra respecto a lo real. Es innegable que la fotografía pudo superar, por algún tiempo, al campo de la pintura en tanto podía captar detalles sobre lo que se ponía en la mira con un sólo click — esto al menos hasta la aparición del fotorrealismo y del hiperrealismo. Sin embargo, esta supuesta mímesis que logra la fotografía no es otra cosa que una creencia derivada de la consolidación de un mirar fotográfico.
Este mirar fotográfico se ha convertido en una norma. Se nos ha hecho creer que en verdad la fotografía tiene la capacidad de reproducir tal cual lo que el ojo mira, cuando lo cierto es que si bien existe una cierta semejanza, no es posible reproducir la mirada verdadera, por que una fotografía no es producto del ojo, sino de un aparato.
El grado de mímesis alcanzado por la fotografía, en comparación con otras disciplinas de las artes visuales, aunado a la forma en que se ha desenvuelto frente a las masas, han contribuido a una confusión generalizada, en tanto se cree que la fotografía tiene la obligación de ser veraz. Pero digo yo: ¿por qué necesariamente debe ser veraz una foto? ¿en qué medida puede ser veraz algo que, de por sí, implica ya un sesgo en tanto parte de una visión subjetiva?
A modo de conclusión, para superar la idea de la alteración fotográfica como una cuestión moral, es necesario concientizarnos sobre el papel del sujeto en la fotografía y entender a la fotografía no como una reproducción de la realidad, sino como un producto de una voluntad subjetiva.
“Un heroísmo peculiar se propaga por el mundo desde la invención de la cámara: el heroísmo de la visión. La fotografía inauguró un nuevo modelo de actividad independiente, que permitió a cada cual desplegar una determinada sensibilidad, única y rapaz. Los fotógrafos emprendieron sus safaris culturales, sociales y científicos en busca de imágenes sorprendentes. Apresarían el mundo, sin reparar en la paciencia necesaria y las incomodidades, mediante esta modalidad de visión activa, adquisitiva, valorativa y gratuita.”
Lo primero que me vino a la mente al leer este capítulo fue ¿por qué el heroísmo de la visión? Afortunadamente esta cita se encargó de disipar esta duda, pero me generó otra: ¿en qué medida la modalidad de visión que aporta la fotografía gratuita? Se ha considerado a la fotografía como un medio que posee la tarea liberadora de mostrar las cosas como son —lo cual es más falso que cierto—, de acercarnos a cosas que distan mucho de nuestro contexto, a presentarnos lugares, personas, formas, que por ningún otro medio habríamos podido contemplar. Sin embargo ¿dónde queda la gratuidad de una mirada como la fotográfica si sólo algunos tienen acceso a las imágenes?
Si nos situamos en la actualidad, podemos argumentar: ¿quienes realmente son los que pueden tener un acceso ilimitado a recursos visuales? Los medios de difusión masiva como las redes sociales y las industrias culturales, se han encargado de masificar ciertas imágenes a su conveniencia, sin embargo, no puede ser verdad que esto llegue a todo mundo. Por ejemplo, si se exponen ciertas fotografías en una galería ¿a qué número de personas llegarían esas imágenes? ¿no acaso se excluye a la mayoría de la población de ese tipo de actividades por la misma forma en que funcionan los sistemas de difusión cultural?
Ahora, si el argumento de Sontag sobre la gratuidad va por el lado de que puede capturarse una imagen de forma gratuita ¿en qué medida puede ser esto cierto cuando la privatización es uno de los principales valores que el mismo sistema en el que se desarrolló la fotografía se ha encargado de proteger?
Creo que Sontag lleva razón en algunos de los argumentos que propone, pero en definitiva, la idea de que el acceso a las imágenes por medio de la cámara conlleva una gratuidad, dista mucho de la actualidad.
“La apoteosis de la vida cotidiana, y el género de belleza sólo revelada por la cámara —rincón de la realidad material que el ojo no percibe en absoluto o normalmente es incapaz de aislar; o la vista panorámica, como desde un avión—, éstos son los principales objetivos de la conquista del fotógrafo.”
Creo que esta idea de Sontag posee cierto valor en tanto revela una cuestión muy importante sobre la fotografía. Cada uno de los capítulos del libro de Sontag, al menos hasta este punto, se ha encargado de disipar esa aura mística que rodea a la fotografía, hasta dejarla al descubierto y exponerla como lo que es: una visión subjetiva de algo.
Pese al hecho de que fotografiar es más una actividad subjetiva que objetiva, es innegable que ha revelado cosas que, de cualquier otra forma, el ojo humano nunca habría sido capaz de ver. El mirar a través de una cámara implica un punto de vista particular, y se encarga de guiar la atención del espectador a una o un conjunto de cosas determinadas, cuidadosamente seleccionadas por el fotógrafo. Esto que en algunos casos podría ser una flaqueza del fotografiar, ha permitido al portador de la cámara revelar cosas que percibe y que, vistas por otros ojos, hubiesen pasado desapercibidas.
En mi opinión, la fotografía merece ser reconocida por su potencial como una forma de conocimiento. La modernidad ha consistido en dotar a todo tipo de acercamiento a la realidad de un cierto rigor cientificista; sin embargo, el conocimiento no necesariamente tiene que partir desde una visión objetiva. Conocer algo implica también una subjetividad, un uso de los sentidos, una interpretación. La fotografía podrá no ser veraz y objetiva, pero en definitiva, puede constituir una forma de entender y acercarse a la comprensión del mundo.
“El ethos de la fotografía —educarnos (según la expresión de Moholy-Nagy) en <<visión intensiva>>— parece más próximo al de la poesía que al de la pintura moderna.”
Quisiera empezar esta disertación con una pregunta: ¿por qué la fotografía tiene la tarea de educar? Algo significativo que puede ayudarnos a esclarecer esta pregunta es el “ocularcentrismo”, es decir, la tendencia que ha colocado a la visión como el epítome de los sentidos. Esto ha conducido a privilegiar la visión como el principal medio por el cual se puede aprender. Ahora, si se le ha asignado a la visión tal preponderancia, por poseer un alto grado de mímesis se ha creído que la fotografía es la indicada para llevar a cabo la tarea de educar el ojo.
En mi opinión, más allá de hacer el símil entre la poesía y la fotografía, y su relación en la forma en que ambas buscan educar la visión, es necesario cuestionarnos el por qué esta necesidad de querer atribuir al arte —llámese visual o literario— una misión educativa. Creo que estas ideas tienen su origen en la forma en que se originó el sistema artístico, como parte del proyecto de la ilustración europea. Yo no percibo algo de malo en ello, después de todo, es una noble tarea. No obstante, ¿por qué necesariamente tenemos que creer que para que algo valga la pena tiene que dejar una lección? ¿no es esta una exigencia demasiado exagerada?
Como artistas visuales en formación, me parece necesario que nos replanteemos el papel que le asignamos a las disciplinas a las cuales recurrimos para producir. No concuerdo con que el ethos de la fotografía sea educar la visión, quizá en algunos casos sea hasta lo contrario. Atribuirle una carga a una foto con fines educativos o de concientización no es una tarea de la fotografía per se, sino es algo que cada una y uno de los artistas debe decidir; es una cuestión personal, no universal.
“Sean cuales fueren los argumentos morales a favor de la fotografía, su efecto principal es convertir el mundo en un gran almacén o museo sin paredes donde cualquier tema es rebajado a artículo de consumo, promovido a objeto de apreciación estética. Por medio de la cámara las personas se transforman en consumidores o turistas de la realidad; o Réalités, como sugiere el nombre de la revista francesa, pues la realidad es considerada plural, fascinante, y objeto de rapiña.”
Uno de los puntos más interesantes de esta cita es la comparación de fotografiar, con las acciones de coleccionar y de consumir. Esto me remite a pensar en el surgimiento del arte como parte de los cambios producto de la modernidad, en donde el mercado del arte se encarga de guiar la producción y consumo artísticos.
Dejando esto de lado, ¿es solamente este interés utilitario el que rige la actividad fotográfica? ¿No habría otra forma de entender el funcionamiento de la fotografía? Parece que dentro de la lógica de Sontag todos quienes poseemos un dispositivo fotográfico —y remarco dispositivo, por que en la actualidad las cámaras no son las únicas capaces de fotografiar— somos unos buitres hambrientos en espera de devorar la realidad. Ello puede ser cierto en algunos casos, pero me parece que Sontag hace una generalización terrible e incluso parece mostrar cierto desdén hacia el fotógrafo.
En este punto es conveniente cuestionarnos ¿qué tiene de negativo querer eternizar un momento? Ello puede ser una contradicción pero ¿no acaso es la contradicción inherente al ser humano? Algo que observo sobre este argumento de Sontag es su afán por querer eliminar esa aura que se le ha conferido a la fotografía y que nos ha hecho creer que tiene la tarea moral de ser fiel a la realidad. En este afán ha enclaustrado a todos quienes tienen una cámara en un mismo contenedor, describiéndonos como aves rapaces que sólo buscamos el consumo, lo cual es exagerado y fútil.
Para concluir quisiera responder a mis propios cuestionamientos. Creo que la fotografía no tiene necesariamente el efecto de convertir todo en un objeto de consumo. Su funcionamiento no puede ser reducido a fines utilitaristas y mercantilistas. Si bien, es posible consumir la realidad a través de la fotografía, también es posible consumir una fantasía, un ensueño, un recuerdo, etcétera. Creo que mucho depende de cómo se hace uso de la fotografía, pero también de la intención del fotógrafo.
Bibliografía
Sontag, Susan. Sobre la fotografía. México: Santillana, 2006. Edición en PDF