1. “En sus diferentes rutas, el selfie aporta materiales productivos a las ciencias sociales y es fuente de toda una renovación estética.”
Como señala nuestro autor, parece ser que el selfie ha marcado un camino nuevo en cuanto a: cómo vemos las cosas y cómo las percibimos en relación con el tiempo y el espacio. Es decir, ya no se trata de poner de relieve al objeto o al sujeto retratado, sino que, ese objeto o sujeto adquiere validación en tanto el autor aparece como parte de la reproducción. Las imágenes que muestran algo desde el énfasis de una mirada propia, dejan de ser lo común, y son sustituidas por “el mirarnos a nosotros mismos” dentro de la imagen, como si pudiéramos percibirnos en tercera persona.
Una vez dicho esto me gustaría agregar que, quizá, Fontcuberta ha exagerado un poco al considerar el selfie casi como el epítome de la revolución estética contemporánea. Creo sigue si bien es cierto que el selfie es un fenómeno que se ha asimilado y que ha logrado cobrar relevancia para definir cómo entendemos la visualidad, me parece un poco exagerado admitir que esto es una renovación. Lo cierto es que, la selfie nace en un contexto muy específico en donde las cámaras digitales y los teléfonos inteligentes se han vuelto más “accesibles”, más “necesarios”… Nos hemos hecho más dependientes de este tipo de tecnología. Ahora, esto no quiere decir que el selfie no tenga precedentes y es que si bien, antes no era común retratarse a uno mismo, lo cierto es que en la historia del arte existen una gran cantidad de ejemplos en donde ya existía una intención, no de crear un selfie en el sentido contemporáneo, pero si de poder visualizarnos dentro de un contexto visto desde afuera, como un deus ex-machina.
He llegado a pensar que quizá el selfie no sea una renovación, sino un producto de la degeneración inherente a nuestro sistema capitalista. Pero esta discusión la dejaré para otro momento.
2. “ […] el autorretrato en el espejo implica incluir la imagen dentro de la imagen: el reflectograma actúa como pretexto para autorretratos no sólo al operador, sino también al propio medio fotográfico.”
Para esta cita me gustaría comentar acerca del papel que tiene el reflectograma en la inclusión del medio fotográfico. En mi opinión, a diferencia de la selfie, esto sí parece ser una renovación, o al menos es así como se perfila. El hacer consiente el dispositivo con el que se produce una fotografía, cambia completamente la mirada clásica que pretendía equipara a la cámara con el ojo humano.
Uno de los mitos fundacionales de la fotografía, le ha atribuido la misión de reproducir la realidad tal como es, sin alterarlas. A mi parecer, esto se pensaba por el hecho de que la cámara funcionaba como una extensión del ojo y, por lo tanto se creía que inevitablemente la cámara estaba condenada a reproducir las cosas tal y como las vemos. Sin embargo, los avances en la tecnología y la aparición de lentes más poderosos han logrado corroborar que, en efecto, esto es sólo un mito. La cámara no sólo no reproduce cosas como no son, sino que incluso logra captar cosas imperceptibles para el ojo humano. Lo que sí resulta cierto es que, la cámara puede captar cosas y traducirlas a un plano en el que nuestro ojo pueda leerlas.
Ahora bien, la introducción del los reflectogramas como parte de las creaciones fotográficas han ayudado a desmitificar estas falsas creencias sobre la fotografía y su misión de mantenerse fiel a lo real. El hecho de que aparezca este dispositivo—la cámara—en una foto muestra cómo estamos viéndolas cosas desde un punto sesgado y que, en ningún momento puede ser considerado como algo netamente real, si bien puede ser mimético a la realidad.
No podemos percibirnos a nosotros mismos, sólo gracias a la ayuda de los espejos y los reflejos es posible conocernos físicamente y mirarnos a partir de nuestra propia existencia. Asimismo ocurre con la fotografía. Gracias a su constante renovación ahora no sólo podemos mirarnos sino que podemos captarnos mirándonos, es decir, hacer una imagen dentro de una misma imagen.
3. “Si tuviéramos que establecer una distinción epistemológica entre una mera foto encontrada y lo que podemos categorizar como photo-trouvé, no habría que atender a las características físicas o estéticas de la foto, sino a esa <<conciencia nueva>>. Lo que establecería la diferenecia no es algo en la imagen sino algo en la actitud del espectador.”
Cuando me encontré con estas líneas, mi primera reacción fue des desconcierto. No lograba entender muy bien a qué se refería el autor. Después de haberla releído unas cinco o seis veces —acompañada del resto de información en el subcapítulo— aún estoy algo confundida, pero al menos he logrado entender a lo que trata de aludir Fontcuberta al introducirnos a los términos lumpenphotografie y photo-trouvé. Mientras la primera está en una posición completamente marginal, la segunda conlleva toda una serie de normas que, como señala el autor, nos remiten a las características de los surrealistas dadas al object-trouvé.
En lo personal, pienso que, esta distinción que es valiosa en su contenido (por facilitar la tarea de discernir una fotografía de una simple “foto”), es también una suerte de discriminación y sobre-esfuerzo —quizá sin sentido— por querer auxiliar a los criterios artísticos para poder entender a la imagen fotográfica en un mundo inundado de imágenes.
Este prefijo lumpen que se le atribuye a cierto tipo de imágenes, me parece peyorativo y sacado de contexto, siendo que el uso de asociarlo con “lo más bajo”, es un producto del siglo XIX. Esto me parece un poco como esa eterna rivalidad entre “alta cultura” y baja”cultura” o entre arte y artesanía: una búsqueda por disociar cosas que si bien, tienen sus matices, más bien son producto no de una razón estética o artística, sino social. Quizá la única distinción entre una lumpenphotografie y una photo-trouvé sea quién la hace y con qué intención, es decir, qué clase social ocupa y para qué busca hacer esa imagen.
4. “La era postfotográfica en la que nos hayamos se caracteriza por la producción masiva de imágenes y por su circulación y disponibilidad en internet.”
Creo que esta frase que utiliza Fontcuberta para recapitular el fin de el capítulo “Instantes Indecisivos”, lleva mucha razón. En una época donde la “virtualidad” se ha vuelto una especie de puente-conexión por medio de información, la producción y reproducción masiva de imágenes se convierte en parte de la cotidianidad. Esto puede ser un arma de doble filo. Por una parte existe un acceso casi gratuito a la virtualidad (siempre con sus restricciones monetarias) disponible a veces soló con un click o, más actualmente, con un toque en nuestros teléfonos inteligentes. Por otro lado, empero, pareciera como si la “calidad” se cambiara por cantidad. Y no hablo solamente de la cuestión de la calidad de la imagen en términos visuales (que también tiene su problema), sino la clase de contenido que poseen las imágenes y que estamos consumiendo.
Con la proliferación de usuarios en redes sociales, plataformas como Instagram, Facebook, twiter, e incluso whats app, nos proporcionan imágenes de baja calidad visual y, en muchas ocasiones de contenido. Los susodichos “memes” que se han convertido en uno de los fenómenos de la imagen más interesantes de las últimas décadas, si bien tienen su encanto, muchas veces no dejan de ser sólo información vacía y sin sentido para ironizar algo. No por ello quiere decir que no haya memes de calidad o que tengan un mensaje que trascienda los límites del scrolling, pero en un mar de imágenes discernir esto puede ser una tarea dificil y quizás sólo asequible por quienes nos dedicamos a estudiar lo visual.
5. “La hiperabundancia produce contaminación icónica.”
Esta muy breve cita resume toda una problemática en la cual nos encontramos actualmente. Existe una masificación de imágenes que ha llegado a limites exorbitantes. Tanto así que de acuerdo con Fontcuberta existe una cierta inclinación por parte de varios artistas a “reducir” la producción de imágenes. Por esta reducción se refieren, en un sentido casi ecológico, ha dejar de producir ese exceso de contaminación que son las imágenes en el campo visual.
Creo que estas posturas que pretenden ser algo críticas respecto a la magnificaron de medios visuales, tienen un aspecto poco injusto. Por mucho tiempo esta producción de imágenes se restringían ciertas clases sociales, sobre todo a las clases acomodadas y a las empoderadas. Ahora que se ha masificado esta posibilidad, es como si quisieran dejar de reproducir por considerarlo algo vulgar o algo errático y contaminante. Cuando la realidad es que en la era digital poco importa el espacio, al fin y al cabo, es algo efímero que después de la desaparición, mejor dicho, de la extensión humana perecerá con nosotros
Hemos sido todas nosotras y nosotros quienes hemos creado y dado forma a la virtualidad ¿por qué no abríamos de hacer uso de ella como queremos, inundándola de íconos? ¿qué hay de malo en ello? Si se tiene un criterio creo que no existe ningún problema con la abundancia de imágenes. A veces es mejor ver las cosas que querer ocultarlas.
Bibliografía:
Fontcuberta, Joan. La furia de las imágenes. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2016. Edición en formato MOBI
Fuentes de consulta electrónicas:
Marxist.org << Lumpenproletariat >>, en Encyclopedia of Marxism, acceso 15 de noviembre de 2021, https://www.marxists.org/glossary/terms/l/u.htm