martes, 14 de septiembre de 2021

Sobre la Fotografía. Capítulo I "En la caverna de Platón"

Susan Sontag comienza su disertación haciendo una comparación entre el mito platónico de la caverna y el papel que ocupa la fotografía en las sociedades modernas. La posición idealista de Platón, al señalar que el mundo de las ideas es el que puede liberarnos de las sombras que representan la realidad, parece ir muy acorde con el argumento que Sontag elabora: las fotografías, no por el hecho de ser miméticas en cierto sentido, son una mirada objetiva de la realidad, sino lo opuesto. Más que estar de acuerdo o en desacuerdo con esta  comparación, creo que es una forma astuta de plantear toda una serie de conjeturas para entender cómo la aparente inocencia de la fotografía ha estado desdibujada desde un inicio. 


Sontag señala que las fotografías suministran las formas en que existe un entendimiento entre el pasado y el presente de la realidad. Antes de tomar posición sobre esta afirmación que hace ella es preciso dejar claro que esta idea, y algunas otras, parecen tener su fundamento en la suposición de que existe una real democratización del consumo visual de las poblaciones mundiales. Esto, que en un principio podría parecer cierto, fácilmente puede ponerse en duda con otro argumento de la propia autora: el restringido acceso a los dispositivos fotográficos y los medios por los cuales se da una distribución de las fotografías. Incluso en la actualidad, tener acceso a una cámara fotográfica decente es un privilegio; incluso en esta época en la cual la circulación de imágenes gracias al internet y los dispositivos digitales, facilita el acceso a un consumo visual determinado. En mi opinión, las imágenes si pueden suministrar cierto entendimiento del pasado o del presente, pero dependiendo de cada sujeto y de sus condiciones materiales, el impacto y la manera en que dan forma a una visión sobre algo puede variar.


El problema del conocimiento sigue presente en los argumentos de Sontag. Ella afirma  que si bien, la fotografía pareciera estar más acorde con cómo es la realidad, en realidad son los fotógrafos quienes ponen la pauta sobre qué vale la pena mirar y qué no. A mi parecer, algo de lo que señala Sontag es cierto, ya que una fotografía, en definitiva, posee una carga subjetiva que orienta a los espectadores sobre qué hay que mirar. Sin embargo, no hay que olvidar que todo intento del ser humano por capturar la realidad se ve sometido a ser una mera interpretación. La “verdad”, no es algo que se pueda esclarecer de  forma precisa, pues la complejidad del mundo no permite un unívoco entendimiento de la realidad. En todo caso habría que hablar de verdades en plural. Más que un problema relativo al arte o la fotografía, el modo de aprehender la realidad desde un enfoque completamente objetivo, sigue siendo hoy una problemática sin resolverse. 

Susan Sontag señala que el uso de la cámara implica una agresión, “un inmenso alejamiento de la meta de los pintores. De acuerdo con Sontag, ello se explica por su ambición imperial de querer capturarlo todo, pero yo me pregunto ¿es esto cierto en todos los casos?  Habría que dar algunos matices. Si bien es cierto que existe cierta disrupción al situar una cámara frente a algo, pues alguien sostiene la cámara es el fotógrafo y todo lo demás se convierte en lo fotografiado, no podría afirmarse que esta situación de aparente poder no ha sido una constante entre el ser humano y su entorno, incluida la alteridad. Ya sea la posesión de cierto tipo de conocimientos, o de cierta herramienta tecnológica, la historia-- al menos la que nos han enseñado --no está exenta de esas posiciones de sometimiento de el uno frente al otro. En este caso, ya sin una cámara ¿no sería el mismo acto de mirar a alguien en su intimidad una agresión? La pintura, que señala Sontag, fue menos ambiciosa, también constituye una cierta forma de agresión. En definitiva, me parece un argumento que busca generalizar demasiado, creo que habría que apelar a la sensibilidad y señalar que no necesariamente una fotografía agrede, sino que puede ser todo lo contrario.


Para finalizar, el último argumento que quiero rescatar es aquel que sitúa a la fotografía como un “rito social”. En concreto, este planteamiento parece ajustarse de forma perfecta  a las condiciones actuales, en las que las fotografías han pasado a ser las protagonistas en las llamadas  redes sociales. Dice Sontag que poco importa qué actividad se haga, siempre y cuando las fotografías se aprecien. Yo me atrevería a añadir: poco importa que se haga o si se aprecian las fotografías, el hecho es que ahí está la prueba de que dicho momento es verídico. Para los actuales “influencers” el uso de las fotografías se ha convertido en su medio de marketing, y es lo que les asegura su posición privilegiada en una cultura inundada de contenido visual.