martes, 12 de octubre de 2021

Sobre la fotografía. Capítulo V “Evangelios fotográficos”

 “Tal como la describen los fotógrafos, la fotografía es tanto una técnica ilimitada para apropiarse del mundo objetivo como una expresión inevitablemente solipsista de la identidad singular. Las fotografías muestran realidades que ya existen, aunque sólo la cámara puede desvelarlas.” 

Es interesante esta afirmación de Sontag, en tanto deja en claro la capacidad que se le atribuía a la cámara como instrumento que vincula al sujeto con su realidad objetiva. Sin embargo, esta afirmación no deja de parecerme demasiado aventurada y un poco contradictoria. Me explico: en primer lugar, habría que preguntarnos a qué se esta refiriendo Sontag con “el mundo objetivo”. Hablar de la existencia de esta supuesta objetividad en el mundo implicaría que también existiera una parte del mundo en el que la subjetividad es parte fundamental. De ser esto así ¿cómo podría garantizarse que la cámara se está apropiando de el mundo objetivo y no de algo subjetivo? ¿no acaso el acto de fotografiar implica una mirada subjetiva de por sí? En este sentido, de qué forma se está mostrando lo que realmente hay (la realidad) y no lo que el sujeto (fotógrafo) mira. Más allá de hablar de lo fundamental que es entender el papel que juega el sujeto en la fotografía, la cuestión aquí es entender que este tipo de declaraciones, que afirman un dualismo entre objetivismo y subjetivismo, parten de una forma moderna de percibir la realidad como algo dado y que es susceptible a ser conocido, intervenido, apropiado, etcétera. 

En segundo lugar, en qué medida se puede afirmar que la cámara muestra cosas que ya existen. Esto puede ser cierto sólo con determinados géneros de fotografía como la fotografía de calle o la fotografía documental, por ejemplo. Sin embargo, ¿qué pasa con la fotografía que utiliza como recurso la percepción visual (que crea espejismos) para producir una imagen, o con los montajes fotográficos? Si nos restringimos a estos argumentos dados por Sontag, estaríamos dejando de lado una parte importante del desarrollo de la fotografía.

Por último, ¿la realidad es algo que debe desvelarse? Si es necesario develar algo, porque está oculto, entonces la objetividad del mundo puede ser puesta en cuestión. Lo que retrata la cámara no sería la realidad en sí, sino elementos que  están presentes y que, en algunos casos, son imperceptibles para el ojo humano (por ejemplo, las fotografías que se encargan de retratar el espacio o el mundo microscópico).

 

“La fotografía ingenua o comercial o meramente utilitaria no difiere en condición de la fotografía como la practican los profesionales más talentosos: hay imágenes obtenidas por aficionados anónimos que resultan tan interesantes, y formalmente tan complejas y representativas de los poderes propios de la fotografía, como las de un Stieglitz o un Evans.” 


La afirmación hecha aquí por Sontag parece ajustarse más un intento por distinguir un campo de la Fotografía (con “F”) con la fotografía (con “f”). Pese a que su idea inicia señalando que no existe una distinción clara entre un fotógrafo y un amateur, su postura parece un tanto tendenciosa en tanto trata de crear una distinción clara entre aquellos que hacen fotografía profesional y quienes no. 

Ahora bien, es posible que este argumento de Sontag esté situado en su propio contexto, en el que para fotografiar se requería de una cámara forzosamente (grande o pequeña, con un buen lente o con un lente mediocre). En la actualidad, no obstante, el avance de la tecnología ha llegado a tal punto que, incluso, existen cámaras cuya función no es precisamente la de fotografiar, como es el caso de las cámaras web o aquellas que ocupan los doctores para realizar operaciones dentro del cuerpo. 

La afirmación hecha por Sontag, pareciera cade vez más desdibujarse, pues con las cámaras como parte  fundamental de los dispositivos móviles y teléfonos inteligentes, es cada vez más notoria un tipo de fotografía que otra. Mientras que en el ámbito de la publicidad y el arte los fotógrafos recurren a cámaras de talla “profesional”, una persona que gusta de fotografiar puede conformarse con la cámara que incluye su teléfono inteligente; no necesita tener ningún tipo de conocimiento técnico ni de la cámara ni de la fotografía en general porque, ante sus ojos, una foto tomada con su celular puede parecer espectacular. 

Para concluir, creo que es necesario dar una re-lectura a este tipo de ideas propuestas por Sontag y entender que estos ensayos fueron compuestos en la década de 1970, por lo tanto, existen ciertos postulados que han dejado de ser ciertos para nuestra época actual. 


"Como la mayoría de las obras de arte (incluidas las fotografías) se conocen hoy por medio de copias fotográficas, la fotografía - y las actividades artísticas derivadas del modelo de la fotografía, y la modalidad del gusto derivada del gusto fotográfico- ha transformado decisivamente las bellas artes tradicionales y las normas de gusto tradicionales, incluso la idea misma de obra de arte. La obra de arte depende cada vez menos de su singularidad como objeto, de ser un original realizado por un artista individual."

 

El postulado propuesto aquí por Sontag, me parece sumamente pertinente y contiene dentro de sí un punto central que es relevante para la teoría del arte en general.  

Es innegable la revolución que generó la fotografía para el arte en tanto permitió la reproductibilidad de las obras. La fotografía transformó la forma de ver el mundo y posibilitó una expansión de las artes a nivel masivo.  Es más, la propia fotografía aprovechó esto para expandirse junto con las artes ya establecidas. 

Una cuestión que en particular me gustaría resaltar es el cuestionamiento de la originalidad como criterio atribuible a una obra de arte. El cambio que significó la fotografía puso de manifiesto lo endeble que resultaban las categorías que definían el arte y abrió paso para el posterior surgimiento de nuevos medios de exploración, en donde el registro sería realizado por la cámara, ya fuera en foto o en video (como es el caso de algunos performance, los happenings, etc). 

Ahora bien, creo que Sontag tiene razón cuando señala que la fotografía tuvo por consecuencia la aparición de un “gusto fotográfico”. Algo que me parece muy cierto es hacer referencia a este tipo de gusto como parte de las circunstancias que fueron propiciadas por el tipo de imágenes producidas por la cámara. Ello me remite un tanto a las ideas planteadas en el primer capítulo de este pues, inevitablemente, la cámara también se ha encargado de entrenar el ojo y de mostrarnos las cosas como se deberían ver y no como realmente son. Esto, más que ser negativo per se , sí debe ser sometido a una profunda reflexión que nos lleve a entender en qué medida nuestra visión ha sido condicionada a un mirar fotográfico.

Sin más,  creo que las ideas desarrolladas en este párrafo por Sontag tienen gran valor en tanto ayudan a dilucidar el impacto de la cámara en el desarrollo artístico y sus efectos como parte de la cultura y la alfabetización visual. 


“La fotografía, sin ser un género de arte propiamente, tiene la capacidad peculiar de transformar todos sus temas en obras de arte. Más importante que la cuestión de si la fotografía es o no es arte es el hecho de que la fotografía pregona (y crea) nuevas ambiciones para las artes.” 


El párrafo arriba citado sintetiza gran parte de las ideas  expuestas por Sontag en el capítulo. La discusión en cuanto a la relación entre la fotografía y el arte, es decir la evangelización fotográfica (haciendo alusión al título), sin duda alguna es parte medular de todo el desarrollo del capítulo.

Ahora, este párrafo en concreto muestra la resolución de Sontag por situar a la fotografía fuera del arte, pero al mismo tiempo dentro de ésta; al afirmar la capacidad de que la fotografía puede transformar cualquier tema en obra, cae en esta paradoja irresoluble, que me hace platearme la siguiente cuestión: ¿en verdad esta capacidad de transformar todo en arte es comprobable? Sontag otorga los poderes del rey Midas a la fotografía, y trata de dejar en claro que, sea o no arte, es innegable el papel que tiene la fotografía para las artes. 

Personalmente, no me atrevería a coincidir con una afirmación tan amplia como que la fotografía transforma todos sus temas en arte. De ser cierto ello, tal vez entraríamos en un problema que raya en cuestiones éticas. Por ejemplo, si se hace un registro de una narco fosa o de un feminicidio ¿en qué medida podría la fotografía ser el medio idóneo para decir que tales cosas tienen propiedades artísticas sin caer en el morbo o en la desensibilización? Creo que existen otros medios más idóneos que permiten hablar de este tipo de problemáticas en concreto para que sean temas propios de la producción artística. 

En cuanto a la segunda idea de Sontag, sobre la capacidad de la fotografía para crear nuevas ambiciones en el arte, coincido totalmente. Como he señalado antes, la fotografía ha tenido serias implicaciones en el quehacer artístico. Baste decir que ha posibilitado la reproductibilidad de obras de arte  que antes solamente podían verse en museos o galerías.


Las bellas artes tradicionales se basan en la distinción entre genuino y falso, original y copia, buen gusto y mal gusto; los medios desdibujan esas distinciones, cuando no las anulan directamente. Las bellas artes suponen que algunas experiencias o temas tienen un significado. Los medios carecen esencialmente de contenido (ésta es la verdad oculta en la célebre afirmación de Marshall McLuhan de que el mensaje es el medio mismo); su tono característico es irónico, o inexpresivo, o paródico. 


Para cerrar los comentarios sobre este capítulo quiero realizar una breve reflexión de dos ideas del párrafo anterior. Aunque éste no alude propiamente a la fotografía, me generó gran interés por la forma en que Sontag hace esta tajante distinción entre bellas artes tradicionales, en contraposición con los nuevos modos de hacer arte.

En primer lugar, creo que Sontag está  olvidando que este sistema de bellas artes al que ella hace alusión es un invento que no tiene más de dos siglos y es producto del proceso de modernización.  En la antigüedad difícilmente se podría hablar de bellas artes, por que este tipo de creaciones ocupaban un lugar preciso en la sociedades que trascendía su simple valor estético. Dicho esto, ¿en qué medida se puede hablar de artes tradicionales cuando, más que una tradición, nos enfrentamos a un conjunto de grupos institucionalizados que tienen la labor de avalar de acuerdo a sus criterios el arte?

Como segundo y último punto, creo que lo que Sontag dice de la famosa frase del sociólogo McLuhan, es invertir el argumento. Más que referirse a que los medios carecen esencialmente de contenido, la idea de McLuhan era justo halar de la intencionalidad del medio como una forma misma de transmitir una idea. Caso contrario, Sontag señala que para las bellas artes el medio carece de contenido, pues este se sitúa en las experiencias o en los temas de las obras. 



Bibliografía:

Sontag, Susan. Sobre la fotografía. México: Santillana, 2006. Edición en PDF